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IV CENTENARIO DE EL QUIJOTE

 

EL INGENIOSO HIDALGO DON QUIJOTE DE LA MANCHA

En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor...

Así empieza una de las obras más internacionales de la literatura castellana, de la que este año se celebra el IV Centenario de su publicación.

La celebración del IV Centenario de la publicación de El Quijote, es sin duda uno de los principales acontecimientos culturales del año 2005, que además coincide con el año dedicado al libro y a la lectura.


CONMEMORACIÓN EN LES ROQUETES DEL GARRAF

En la población de Les Roquetes del Garraf también queremos unirnos a la celebración del especial cumpleaños de esta gran obra literaria, por la gran aportación que su autor, Miguel de Cervantes, hizo a la cultural universal.

Para ello el GRUP D’INVESTIGADORS DE LES ROQUETES y el IES ALEXANDRE GALI, han programado una lectura pública de diversos fragmentos de EL QUIJOTE, en la BIBLIOTECA JOSEP PLA, el día 21 de abril y 5 de mayo, respectivamente, a partir de las 7 de la tarde.


BIOGRAFÍA DE CERVANTES

Cervantes nació en Alcalá de Henares el año 1547. Este dato histórico, en apariencia sencillo, ha sido establecido actualmente de manera indudable, tras un largo y complicado pleito entre siete localidades españolas. Venció, por fin, Alcalá con elementos de verdad.

Se ignora la fecha exacta de su nacimiento, y fue bautizado el 9 de octubre de 1547 en la parroquia de Santa María la Mayor.

El primer documento que nos habla de los Cervantes data de 1489, pues en ese año el bachiller Rodrigo Cervantes, establecido en Córdoba, recibió de cierto vecino de Toledo mil maravedises por la manutención del moro Mahoma, confiado a su custodia. Su hijo, el licenciado Juan de Cervantes, ejerció la profesión de abogado en la citada ciudad andaluza de 1508 a 1516; luego se casó con doña Leonor de Torreblanca, y en 1518 emprendió el largo viaje de su carrera judicial por Cuenca, Alcalá, Guadalajara, Plasencia, Baena y Osuna. Tuvo varios hijos, entre ellos Rodrigo, padre de Miguel, y María, de la que se sabe fue públicamente la querida de don Martín de Mendoza, bastardo de la casa del Infantado y arcipreste diocesano de Valladolid.

Rodrigo, después de una infancia pasada en la holgura económica, conoció ya emancipado la estrechez y quizá la pobreza; se casó en 1540, con Leonor de Cortinas, y ejerció la cirugía mayor en la vieja ciudad universitaria de Alcalá.

Hijos de don Rodrigo y doña Leonor fueron, además de Miguel, Andrés (1543), Andrea (1544), Luisa (1546), Rodrigo (1550), Magdalena (1554) y Juan, sólo conocido porque su padre lo menciona en el testamento.

La infancia de Cervantes es una época de su vida que ofrece a sus biógrafos algunas dificultades. Después de un periplo por diversas capitales españolas, Valladolid, Córdoba, Sevilla... hacia 1566 vuelven a Madrid.

Miguel trabó amistad con Rodrigo de Guevara y con él asistió a las lecciones del licenciado Francisco del Bayo, sustituido, previa oposición, en su cátedra de Humanidades por el maestro Juan López de Hoyos. 

A López de Hoyos, preceptor de Cervantes, corresponde el honor de dar a conocer como poeta a su discípulo, lanzando por primera vez en letras de molde al viento de los siglos el nombre de Cervantes. La gloria presidía aún los destinos de la vasta monarquía de Felipe II.

Un año antes de la batalla de Lepanto, Cervantes figuraba en el tercio del maestre de campo don Miguel de Moncada. Con ese tercio recorrió Italia entera.

En las bellas poblaciones italianas, lejos de la sobria y harto metafísica España, Cervantes formó su gusto y sus aptitudes literarias. 

Lleno de proyectos literarios y prácticos, provisto de cartas de recomendación de don Juan de Austria y del duque de Sessa, salió para España del puerto de Nápoles el día 20 de septiembre de 1575, a bordo de galera Sol, acompañado de su hermano menor Rodrigo.

Navegaba la Sol con rumbo a España, seguida de la Mendoza y la Higuera, cuando unas naves berberiscas que cruzaban el Mediterráneo, apresaron a la Sol frente a las Tres Marías el día 26 de septiembre, quedando Cervantes y su hermano en poder de los corsarios argelinos. 

En Argel correspondió Cervantes como cautivo a Dali Mami, y por las cartas que se encontraron en él para Felipe II creyó Mami tener en su poder a una persona de elevada condición, por lo que obtendría un cuantioso rescate.

Después de muchas vicisitudes, incluso algún intento de fuga el 24 de octubre de 1580, a los treinta y dos años de edad y a los diez de haber abandonado España, embarcó Cervantes para su patria en el barco de Antón Francés, con otros compañeros de infortunio. Tomaron tierra en Denia y de allí se dirigieron a Valencia. 

Por el año 1583 trabó amistad Cervantes con los literatos más famosos de la época –Luis Gálvez de Montalvo, Juan Rufo Gutiérrez, Luis de Góngora, Pedro de Padilla, Lope de Vega. El 14 de junio de 1584, el librero Blas de Robles le pagó por la Galatea 1.336 reales, abonándoselos en dos plazos. 

Se atribuye a Cervantes el mérito de haber sacado de sus mantillas al teatro español, y se le considera el precursor necesario de Lope de Vega, pues entre 1585 a 1587 representó en los teatros de Madrid unas treinta comedias. 

En enero de 1605 apareció Don Quijote, impreso por Juan de la Cuesta, libro cuya publicación fue autorizada el 26 de septiembre de 1604. Cervantes dedicó su obra, que se vendió como pan bendito, al duque de Béjar. El pueblo se asimiló el libro con rapidez asombrosa, dándose el caso que sólo en 1605 se hicieses seis ediciones de El Quijote. Rara vez apareció un libro un libro con tanta oportunidad, porque El Quijote fue el grito supremo que resonó en el corazón de la nación. 

A pesar del enorme éxito de la obra, que puso el nombre de su autor a la altura de los más elevados, económicamente no le libró de ningún apuro. La familia de Cervantes vivía en la estrechez en una casa situada en el barrio del Rastro de Valladolid. 

La asombrosa popularidad de El Quijote valió a su autor adquirir o reanudar varias relaciones con personas de categoría social, que de poco o nada le sirvieron, pues en medio de sus triunfos se vió obligado a acudir a los negocios para atender a su sostenimiento y el de los suyos. 

El 13 de julio de 1613 Cervantes firmó la dedicatoria de sus Novelas ejemplares al conde de Lemos, y en 9 de septiembre del mismo año el privilegio para la impresión de ellas a favor de Francisco de Robles, quien dio a Cervantes por eso 1.600 reales y 24 ejemplares. Imprimió la obra el impresor de El Quijote, Juan de la Cuesta. Miguel trabajó en terreno virgen, sin labor preparatoria, sin antecedentes, y alcanzó un éxito literario sin precedentes de ninguna clase; hasta el mismo Lope, siempre hosco con el escritor pobre, tuvo que confesar su inferioridad en el género narrativo. Tirso de Molina insinuó tímidamente que Miguel podía ser el Bocio español, sin reparar en cuán grande era la lozanía de imaginación del autor del Licenciado Vidriera. 

Trabajaba Cervantes con entusiasmo en la segunda parte de su libro inmortal, cuando en el capítulo LIX lo sorprendió la más infame de las supercherías. Mientras que Madrid festejaba en torneos poéticos a la “Insigne doctora de Ávila”, Zaragoza se enteraba en el curso de una mascarada de la próxima aparición de la verdadera y segunda parte del Ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha. 

Pocas semanas después apareció en Tarragona la famosa farsa del licenciado Alonso Fernández de Avellaneda, natural de Tordesillas. El nombre de Avellaneda era una ficción para ocultar el de un enemigo de Cervantes, que no se recató en denigrar al inválido veterano, diciéndole ser más que el castillo de San Cervantes. Tales insultos a su honrada vejez sacaron de sus quicios a Cervantes; pero no consiguieron evitar que acelerase la composición de la segunda parte de Don Quijote “por el autor de la primera”. 

Indudablemente, la segunda parte de El Quijote iguala, si no supera, a la primera, pues se atiene mejor a los ruidos armoniosos de la vida interior del autor y al caudal de sus recuerdos. El 5 de noviembre de 1615 Gutiérrez de Cetina aprobó definitivamente el libro, que salió de las prensas del citado Juan de la Cuesta. Antes de esa fecha, Cervantes, como tenía que vivir, recogió ocho comedias y ocho entremeses, éstos, ocho joyas de valor inestimable. 

Llegamos al año 1616. aquejaba hacía tiempo a Cervantes una enfermedad de hidropesía o cardiaca, y los médicos le ordenaron pasar una temporada en Esquivias, a donde fue la semana de Pascua, y de donde regresó a poco, sin encontrar el alivio que buscaba. 

El 2 de abril de 1616 profesó solemnemente en la Orden Tercera de San Francisco. El 19 redactó la famosa dedicatoria al conde de Lemos:

“Puesto ya el pie en el estribo, con las ansias de la muerte...” y le anuncia: “Las ansias crecen, la esperanza mengua y es breve el tiempo que me separa de la muerte”. El 23 de abril de 1616 expiró, acompañado de su esposa, de doña Constanza de Figueroa y del clérigo Martínez Marcilla. 

La posteridad ignora dónde descansan sus restos. ¿Pero ha muerto Cervantes? No; la muerte sólo ha sido para él un incidente de la vida inmortal. La antorcha de su genio llamea, guardada por el mundo entero.